Piscina y popularidad.

Yo creo que no tardaremos en ser populares por la zona. Entre los gritos de Elena, y las rarezas de unos y otros, puede que nos estemos haciendo visibles. Lo noto.

Al principio, cuando llegamos aquí toda la gente te saludaba aunque no los conocieras, era algo alegre y acogedor, me encantó ver lo mucho que sonríen los americanos… La cuestión es que en la última semana, se han debido volver más europeos, porque ya no me saluda ni uno. Es más en cuanto  la gente me ve avanzando por la acera con los tres, se echan a la carretera. A veces no tengo claro si lo hacen por cedernos el paso o por sortearnos.

Este cambio de maneras yo lo achaco a que han llegado muchos estudiantes, y ya se sabe que a muchos jóvenes les cuesta apreciar a los aún más jóvenes. Además están las diferencias entre nosotros y ellos…

No es que los americanos hablen bajito, como los europeos del norte, allí hasta acariciarse el pelo o cruzar las piernas resulta ruidoso. No, no tienen el tono de voz bajo, pero son melódicos, usan un tono suave y cantarín. Y en eso nosotros distorsionamos un poco. Nuestras voces son bruscas y fuertes, y encima suelen ir acompañadas de platos rotos, lo que no ayuda.

Este sábado por ejemplo fuimos  a hacer las pruebas de natación de los niños. Julio y yo nos las prometíamos felices metiendo a los tres juntos. Pero no podía ser. La primera en desmarcarse del sueño fue Sara, quién nos suplicó que la apuntáramos a natación sincronizada, en vez de a las clases normales, con lo que aunar horarios se convierte en imposible. En fin que fue terminar mi voluntariado y meterme en el coche con la familia camino de la piscina.

Al entrar la gente era hasta amable, todos felices. Melódicamente pues nos fuimos a cambiar y comenzó el descontrol, entre la una que no se dejaba vestir y hubo que perseguirla por toda la sala de familias, el otro que se enfurruñaba diciendo que él no quería clases, un horror, tanto que cuando entró una madre con el niño acompasado a ella, obedeciéndola en todo, mientras ella le hablaba dulcemente…me quedé embobada mirándoles y me faltaba poco para llorar, cuando Elena los espantó con un alarido.

Nos estaban esperando para las pruebas y cuando salimos media hora después, se les notaba tensos, pero sonrientes. Conozco esa sonrisa, ya empezábamos a romperles los tiempos. Entonces vimos lo que sería nuestra perdición. Había un trampolín, y tanto Sara como Juan se escaparon corriendo para tirarse, con lo que hubo que perseguir a Juan para poder llevarle a la prueba. Nuestra capacidad de liderazgo quedó claramente en entredicho.

Dejamos a Sara allí, y llevamos por fin a la prueba a los otros dos, con tan mala suerte que Elena para entonces ya se había encabritado y se negaba a obedecer a una monitora a la que no entendía ni una palabra. Las pruebas eran por separado. Julio fue por un lado con Elena que iba haciendo gala de sus pulmones, yo por el otro con Juan que intentaba aguantar el tirón.

Lo increíble fue que a Juan le hicieron hacer la prueba en la misma calle que nadaba un tranquilo paisano. Era como si mi hijo tuviera un imán, en cuanto le hacían nadaren cualquier estilo mi hijo iba directo hacia el pobre hombre, que al tercer cabezazo decidió dedicar sus esfuerzos en nadar en clara huida.

Lo peor fue después de la prueba, había una piscina pequeña que era en la única que dejaban nadar a Elena, y nos obligaban a que estuviera acompañada por alguien así que para que pudiera bañarse, forzamos un poco a Sara y a Juan entre promesas y amenazas a que se quedaran con ella. Siempre bajo la atenta mirada de la socorrista, para quien no existía nadie más en la piscina que nosotros…aquello era acoso y derribo, con esa mirada pegada a nosotros algo tenía que salir mal.

Juan se tomó a mal no poder meterse en la piscina con el trampolín, en la que Sara había estado mientras él hacia la prueba, y tener que quedarse en la de los pequeños. En un momento dado discutió con nosotros sobre lo injusto de la acción y al no encontrar comprensión en nosotros le dio por llorar. Pero el niño es tan discreto que para que no se lo notáramos no se le ocurrió otra cosa que ponerse a flotar boca abajo con la cara metida en el agua. La socorrista estaba tan pendiente de acosarnos a Elena y a mí que tardó en ver a Juan. De pronto uno de los padres que estaba con su bebe le rozó y al verlo en aquella postura entró en estado de pánico, para empeorar las cosas Juan tiene buenos pulmones, total que los padres americanos iban contagiándose el terror, hasta que nos dimos cuenta y Juan estaba rodeado de socorristas que habían venido a salvarlo….Así que cuando sacó la cabeza, no uno ni dos se dieron cuenta de que lloraba, sino toda la piscina.

Me pregunto como voy a sacar las fuerzas para volver allí. De momento nos han dicho que todas las clases están ocupadas. Tengo la esperanza de que siga así todo el año. Y lo mejor es que tengo el presentimiento de que puede ser posible, a juzgar por las caras con que se despidieron de nosotros al ir a hacer la reserva después de la clase.

 

 

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2 thoughts on “Piscina y popularidad.

  1. jajaja. Seré una mala persona, pero qué risa. Si es que os veo tal cual. Desde luego hoy he tenido un mal día. Llevo una temporada como mucho estrés, y hoy he petado. Este blog está siendo mi salvación. (vamos, quizás lo que viene siendo disfrutar con las penurias ajenas :p).

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