Why I amn´t pretending be generous

Hoy quiero escribir sobre la generosidad, que es un concepto al que todos nos apuntamos pero que muy pocos cultivan. Cualquiera cree que puede ser generoso en un grado sumo, todos somos generosos en algún momento de nuestra vida, y en algún rincón de nuestra visa. Seguro que Donald Trump ahora mismo se considera un ejemplo de la generosidad y altruismo…

Yo misma creí ser el colmo de la generosidad durante gran parte de mi niñez, por aguantar a mis hermanas y porque compartía mis cosas de forma altruista, (ya que no sabía defenderlas), no siempre, (a veces aprendía), pero consideraba  que era imposible estar vivo y no descansar de la generosidad.

Aún recuerdo como me embargó la sorpresa, cuando anuncié a mi madre que quería emprender el camino de la maternidad y ella me indicó que para ser madre había que ser muy generosa, recuerdo que le discutí con mi orgullo herido reivindicando que yo era muy generosa…y ella me lo admitió, pero añadió que para ser madre hacía falta mucho más.

Soy madre de tres hijos, con lo que está claro que no la creí. Pero puedo decir que desde entonces hasta que la más pequeña empezó a ir a la guardería, sus palabras eran lo primero que me venía a la mente cada mañana, y lo último que me dejaba cada noche. Aún hoy las oigo.

Yo no pensaba que se pudiera ser mucho más generoso que yo, cierto es que nadie me distinguía con menciones especiales, pero en mi inocencia a veces pensaba que yo era tan modesta que no me había dado a conocer, y si mis hermanas hubieran sido conocidas públicamente… a mí se me habrían reconocido todos mis méritos.

El problema es que uno crece y madura su generosidad en una relación directa a la parte de realidad que va incorporando a su vida. Porque la generosidad para ser, ha de ser fruto de una comunidad, de una relación entre personas. Fue cuando por fin fui madre, que supe lo que quería decir realmente ser generoso. Ser madre obliga a continuos actos de generosidad. Tanto cuando no deseas compartir tu espacio tan intensamente como cuando son ellos los que te piden que no lo compartas…

Ahora que voy conociendo el mundo, voy descubriendo la generosidad de la gente, es increíble la generosidad de los médicos, por ejemplo, de los investigadores, de los auténticos maestros, de la gente que dirige sus esfuerzos profesionales al desarrollo de la sociedad y no de su propia economía.

Es la bomba cuando uno de esos profesionales deja a un lado los protocolos y se entrega con febril ímpetu a alguna causa, su causa. He aprendido a ver y reconocer a esas personas que cada día se ponen su traje de humanidad y marchan a su trabajo a dejarse las fuerzas y la alegría trabajando, mezclándose con el dolor y la sangre ajenos, solo por la satisfacción de poder estar allí, arriesgando su prestigio para poder huir de los protocolos en cada caso y poder aportar su creatividad y sabiduría como solución a las dolencias. Nunca dando por perdido aquello que no conocen. Les reconozco porque básicamente los protocolarios me odian en cuanto me ven, les mareo con tanto detalle.

A veces la generosidad consigue atravesar los limites de la familia y del trabajo, todavía no sé como, pero conozco por ejemplo un puñado de mujeres a las que admiro con locura, como la liga de la leche, y algunas asociaciones de padres, que consiguen rascar a sus maternidades, y a sus profesiones, el tiempo suficiente a defender derechos que son tan sencillos que ya damos por establecidos, pero que se ven amenazados con nuestros nuevos estilos de vida en los que el la inmediatez y el artificialismo parecen engullirnos.

Para poder ser generosa con la sociedad, a veces hay que ser egoísta en el plano individual, escoger un camino y no desviarse, hagas a quien hagas daño. Yo no soy capaz. Soy tan egoísta que prefiero mi propia volubilidad y no enfrentarme a mi entorno cercano. Pero gracias a la vida eso ya no me supone ponerme unas gafas de rechazo en el rostro e intentar fingirme generosa.

Conozco familias que habiéndose encontrado con la enfermedad en las carnes de los que más nos duelen, se deciden  a luchar para allanar el camino y que nadie más tenga que pisar las espinas que ellos mismos arrancan cada día.

Conozco personas que habiendo escapado de las fauces vicios que los devoran se enfrentan cada día a ellos, din dejar de acercarse a aquellos que les piden una mano para aprender a andar su camino.

La generosidad no supone darse a los más cercanos fingiendo que no existe mas mundo cuando no lo abarcamos. Los generosos son aquellos que solucionando sus propios problemas deciden dar un paso más allá y dar su luz a los que los desconocidos que los rodean, para que nadie en una era globalizada deba vivir en soledad sus dramas.

 

 

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