No quiero ser una estatua de Sal.

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Toda mi vida he intentado dejar a un lado la tristeza, lucho por seguir sin mirar atrás. Me golpean, me levanto y sigo corriendo. Si miras hacia atrás, serás una estatua de sal. A nadie le gusta la tristeza. No es bueno. Te hace débil. ¿ Acaso no hemos crecido con esto?

Pero entonces de pronto la sociedad te dice. Tienes que aprender de tus errores. ¿Errores? ¿Si no miro atrás cómo voy a ver que tengo errores?  Bueno intentaré hacer el pino, voy a intentar mirar lo que siento que está mal hecho, pero sin mirar más allá. Me resulta un poco complicado. Preguntaré a los de alrededor. Craso Error.

Para ellas todo está mal. Y encima intentan hacerte retroceder todo el tiempo, ¿ Recuerdas cuándo….?Y luego cuando intentas cambiarlo, no les gusta nada el cambio. Nada.

Para ellos, todo está bien, menos que les preguntes.

Nuevo fracaso y volvemos al comienzo. Hay que volver al yo, pero eres orgulloso y ya estas harto de libros, llevas toda tu vida mirando libros, y es casi como preguntar a otros. Encima cada libro te dice algo diferente, no te extraña que acaben todos locos.

Y tienes el problema de los horarios. No puedes estar toda tu vida superando un dolor, tienes otras cosas que hacer.

Tú intenta hacer un duelo en condiciones, con niños. Cuando dejas de escribir tu despedida a tu ser querido, ya no sabes ni lo que has escrito, ni si te ha servido, porque solo oías a tu hija pequeña gritando a sus hermanos, y lo peor es cuando levantas la vista y ves como ha quedado la casa. Ahí empieza tu auténtico duelo.

Al acostarte te vuelves a sentir mal otra vez, estas triste y enfadada, echas de menos a tu ser querido y no has resuelto nada. Encima regañas a tu marido que no alcanza a entender de que le hablas, sólo sabe que ha debido meterla muy hondo esta vez, (digo la pata).

Cada día te levantas y vives un poquito más desorganizada. A trancas y borrancas. No, señores, esto no funciona. Hay que pararse. ¿Cómo? No me imagino un… “Querido vecino ¿puede usted cuidarme un momento a mis tres bestias mientras me deprimo un poco?”

Primero vamos a pensar en lo que más nos cuesta, el yo. ¿Quién soy? Ya está, nos volvemos majaras del todo. A ver quién es el listo que responde esto. No, mejor empecemos por algo más fácil ¿Qué me duele? Bingo, ¡aquí le has dado! venga dítelo a ti misma, ¡confiesa!

Me duele que soy un desastre, todos los autobuses se me escapan. Echo de menos a mi gente, echo de menos a los que se van, y no puedo atarlos a mí. Me duele que la gente tenga otros problemas y no puedan dedicarme su tiempo, o eso creo yo, porque no se lo he preguntado. Me duele que la gente me vea por la calle y me sea hostil. Me duele no ser constante y perfecta como los demás esperaban de mí. ¿Quién lo espera de ti?¡Vaya con la puntería tengo hoy!

Mi problema son las expectativas que yo misma me pongo cada día. Mi problema es que intento vivir como si las cosas no hubieran cambiado y todo siguiera igual. Mi problema es que busco las respuestas en los demás. Hay gente que cree que cada día es una oportunidad.

Empiezo a creer que es así, y que cada mal que nos ocurre es una oportunidad de avanzar, tenemos que ver el qué y aceptarlo sin miedo. Si se funde la bombilla hay que aprender a cambiarla para que vuelva a funcionar. Simplemente cambiarla, no tiene que ser exacta a la que había antes, ni ser esa que te recomendó tu familia… Coge una bombilla y ponla. Punto. Si te molesta su luz, coge otra. Si no le gusta a tu vecino, pregúntate si te apetece hacerle caso. Si no te apetece, ni caso, pero ponle una sonrisa. No te sientas mal, seguro que a ti nadie te pregunta si te gusta su nueva bombilla. Siempre y cuando no se la quites a alguien no habrá problema.

Decidido, voy a llamar a una amiga. Porque ya tengo amigas. Gente con quien estar, sentir y hablar. Voy a dejar los deberes y tareas a un lado, haré un poquito y voy a dedicar el resto del tiempo a vivir. A cambiar la bombilla. Un ordenador no puede darte eso. ¡Vaya! si ha salido el sol, bueno no, pero yo veo más luz. Futuro ¿Qué futuro? ahora estoy en el presente. Tengo ganas de bailar.

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