¡Feliz Cumpleaños outside!

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He comido una tarta de más de cuarenta dólares, menos mal que no lo sabía mientras la disfrutaba, porque seguro que habría soltado alguna lagrimilla.

Alguien me dijo al llegar aquí que en Colombia hay un dicho que es “el que cambia no se divierte”, (refiriéndose al cambio de moneda), y que aquí en Boston sería más bien “el que cambia no se alimenta”.

Es curioso cuando celebras un cumpleaños como recién expatriado, todavía no tienes gente a quien invitar. Corrijo, tienes, pero demasiados. Invitarías a toda la gente que conoces cada día y te sonríe. No es que estés desesperado pero casi. Agradeces estar alejado de las cadenas cotidianas que has tejido en tu tierra natal. Eres completamente libre en tus elecciones. Pero tienes que superar la barrera de la vergüenza y esa…no es fácil.

Por otro lado está el tema de los materiales. No tienes de nada. Y si bien en España podrías comprarlo todo en un día. Lo flipas si piensas que aquí va a ser así.

Me he llegado a pasar tres veces la misma pastelería pensando que era una cafetería, y finalmente acabé entrando  en otra convencida de que era la que me habían recomendado. Otro hecho es que nunca compras lo que deseabas comprar. Para cuando llegas al mostrador compras lo que te den. Porque aquí para todo hay colas. Ven una cola y allí se ponen todos, parece España con las de las guarderías y colegios. Haces la cola y de pronto te ves a ti mismo como si fueras una ternera esperando a la hierra. Con un caminito marcado del que no puedes desviarte y vas directo a que te quemen con la cuenta.

Ayer estuve toda la mañana para comprar una tarjeta de cumpleaños un sobre y un sello. La tienda era como todo es aquí, enorme. Empecé por lo fácil, busqué las postales. No había manera, me recorrí todos los pasillos del piso de abajo hasta que encontré los sobres, y decidí hacer una parada de reconocimiento. Había un pasillo entero con distintos tipos de sobres. Empezaron a asaltarme las dudas, es verdad que aprecio mucho a mi mejor y más antigua amiga ¿pero tanto como para mirar todos aquellos sobres y decidir cuáles eran los mejores? y ya si mirabas los precios daban ganas de llorar. Pero Teté es especial. Quizás hay dos o tres personas por las que haría algo así. Y ella es una de ellas.

Total que fui mirando uno por uno los distintos tipos de sobre, gracias al cielo algunos se descalificaban automáticamente por el precio. Cómo no tenía la postal todavía, el tamaño era un tema delicado. Había veinte tamaños diferentes. Después de medir y medir, comparando unos con otros, encontré unos que yo creía que se podían ajustar a cualquier postal, (eran enormes). Llevaba ya una hora allí. Para cuando elegí el color, me habría llevado todos con tal de no seguir pensando. Me quedaban ya el sello y la postal. No hubo manera. Después de preguntar a cuatro personas que encontré por allí, la cuarta me dijo que los sellos los vendían en la caja. Lo de mi pronunciación de “Postal Card” debía ser para avanzados.

Subí a las cajas y conseguí el sello. Después de hacer una escenificación completa de una celebración de cumpleaños, con un círculo de gente alrededor, (yo ya no sé si no me entendían o se reían), me dijeron que no tenían postales de cumpleaños. Dejé el sobre y el sello, y decidí volver a intentarlo otro día, básicamente porque me habían explicado donde comprarla, y no quería decepcionarles,  porque no me enteré de nada.

 

 

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