Yo, y antes tú. Los cuatro.

Tumbada entre las dulces sábanas oía tus pasos alejarse. Tras de ti, dejaste la puerta y un enorme eco vacío. Rápidamente mi mente intentó recordar cada una de tus miradas, tus manos, era una carrera de obstáculos contra el sueño que ya empezaba a flotar.

Te llamé en mis sueños, te grité, pero sólo hubo el eco de tu puerta. Cuando me desperté sólo había angustia y deberes. De nuevo desfilaron los recuerdos, y en un momento dado el día había comenzado, me engullía, te olvidé.

Yo creo que fue en el metro cuando volví a mí. La cálida imagen de una pareja despertó el recuerdo de nuestra distancia, de los proyectos que nos habían devorado. Te besé en mi imaginación y eché a andar. Era mi parada. Pensaba en cómo huir. Oía el reloj, y mi sangre caliente me pedía más. La mañana estaba fría, su aliento helado despertó mi rostro. Mi cabeza fría hablaba de cariño, estabilidad, amor.

Tuve que correr llegaba tarde.

Fue un roce, ligero, sutil, lento. Pero un relámpago recorrió mis entrañas. Ya estábamos juntos de nuevo, pero distantes. Sentados en aquella mesa pero lejanos. Cada uno con sus pensamientos. No eras tú por supuesto. Era él. Su furtivo roce. Me encogí cien veces en un segundo y replegada en mí misma dudé si volar. Empecé a temblar. Me habría gustado usar mis ojos para llamarle, pero él estaba tan lejos como yo, en su propio infierno.

img_20161018_110925_1476803478324-1Habría deseado poder encontrarle, buscarle, pero sabía que aquello sólo sería una fugaz huida. Yo quería….pero más. Quería conocer, saber, compartir, nada más podría saciarme. Toda esa energía, quemándome por dentro, era mi necesidad de vivir más. De hacer. De implicarme en la vida en la que tú no me dejabas entrar con tu opacidad.

Y entonces recordé quien era yo. Insignificante y gris. Empañada por tu propia luz. Fui consciente de mi nostalgia por ti. Pero también de él. De su roce, de su mirada aniñada. De su rostro tallado a golpes, lleno de energía.

Ella también estaba allí, poderosa, analítica, firme…, la perfecta gramática. Inaccesible pero abarcable. Un refugio para la irregularidad. Como él.

Se cumplió mi deseo, sin fealdad. La proximidad de los cuatro, las sobremesas interminables, la confianza, la conciencia social. Éramos el sistema dialógico perfecto. Solo había que encauzar los sueños. Sujetarse, matar el travieso deseo, dominar el agujero negro allá donde faltaba el aliento. Dar paso a la conciencia, a los proyectos.

Entonces me desperté. Y ya no estabais ninguno, sólo el frescor de las sábanas. La soledad y los recuerdos, el billete de un tren que no cogí, y los eternos papeles cubriéndolo todo con su desorden.

 

 

 

 

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