Declaración de cariño a los que habitan Harvard

construyendo-puentes

Lo bueno de Harvard sin duda es su gente. Me siento obligada a escribirlo, porque mientras no lo diga, no estaré siendo justa.

despedidaMe he enamorado de esta gente, aquí es como si todos nos hubieramos quitado el corsé de la decencia, y pudieramos ser buenas personas. Hay de todo, como en el mar, pero me encanta ver que casi siempre encuentro lo bueno. No soy ciega ni ilusa, pero los que queremos nos encontramos y los que no, nos rehuímos, eso sí, silenciosos y con una sonrisa.

Sé que para mí es fácil, simplemente siento, no debo nada a nadie y no pido. Soy libre y eso me permite escapar de los miedos, de las exigencias y de las penitencias. Doy porque deseo darme, y no hay causa que me alcance para esclavizarme. Solo me debo a mi familia y esa es una muy dulce condena.

No me he encontrado de aquellas personas que cada frustracción la descargan contra los que tienen cerca, y lo agradezco. No, aquí gracias a Dios, todos tienen cosas más importantes que hacer. Quizás por eso me tiene tan encandilada este lugar, quizás por ello es tan efímero. Todos están tendiendo sus propios puentes hacia el mundo, y hasta su última energía es para este fin. Y los que no tendemos puentes, esos dedicamos todas nuestras energías a encontrarnos.

Aquí las luchas de poder a nuestro nivel, simplemente no existen, cada uno demuestra a lo sumo su valía. Esto es lo que aquí creo que nos tiene más desorientados. La vida, a veces nos ha dejado maltrechos y confusos con sus vaivenes, y lo único a lo que aspiramos es a limpiar nuestro sendero, para que no se vuelva a llenar de piedras. Y ver que está limpio y que se mantiene así sin esfuerzo por inercia…Debe haber gato encerrado, pero prefiero no hallarlo.

Aquí como digo, lo bello no es sólo el paisaje sin igual del Otoño, lo bello son las personas, porque el que viene aquí es porque sueña, y el índice de vitalidad en esta ciudad es tan alto, como su índice de tolerancia y como su índice de actividad. Es una ciudad que no para, cuando las calles se vacían, se llenan las casas.

No es que olvides tu hogar, eso lo llevas dentro, y toda la gente que te abrazó a tu marcha, no se baja de tu piel, pero no siempre llamas…. porque tu vida galopa y no sabes cuando has de pararla. Cuán difícil va a ser el día que tengamos que poner de nuevo las cosas en orden, y tras despedirnos volvamos a ser meros humanos en nuestras propias calles. Sólo deseo que todos aquellos que he conocido aquí no desaparezcan tan fácilmente de mi vida cómo se irá Harvard.

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