Venciendo a los miedos y de paso a los pavos.

A veces da miedo lo fácil que es irse. En ocasiones basta con no escribir, en otras es algo más difícil, porque el miedo a irse es inmenso.

Es como el miedo al ridículo, las primeras veces que te enfrentas a él, es grande, traumático, te provoca grandes pesadillas y parece como si fuera capaz de parar el tiempo…(Todavía recuerdo aquella vez que siendo niña se me olvidó ponerme el bañador y fuí a la piscina en braguitas…¡Aquello fueron meses de tortura!).

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Pero luego, te llega la maternidad, e incluso antes la adolescencia, y te curas, con un eficaz entrenamiento eres capaz de todo. Yo con mi primera hija, superé el ridículo a pelearme con otros padres por un columpio, a discutir por notas en el colegio…y para cuando mi hija me tiró tan fuerte de la falda que me dejó sin ella en medio de un parque del centro de Madrid (están tan llenos que parecen el metro en hora punta)…Para entonces, ya no sentía nada. Me la subí, comprobé que el enganche ya no era tal, y me fui con una mano en la niña, y otra agarrándome la falda, tan normal…como si nada.

Pero a veces, de nuevo vuelves a descubrirte sintiendo  las cosas, con tal intensidad, que parece que eres nueva, y lo cierto es que te sientes viva…¡Pero con un miedo a la caída!

No sé que me pasó este año con el thanksgiving. Creo que fue precisamente que era algo nuevo para mí, y con cuarenta años…Ya poquitas cosas que no duelan van siendo nuevas.

Fue como si me diera la fiebre del sábado noche. No podía parar de pensar en ella. Tanto es así que me decidí a invitar a unas cuantas amigas a hacer el pavo en casa. La semana antes fue una locura comprando los ingredientes, iba una un día a comprar y acto seguido empezaban a surgir de nuevo ingredientes que no habíamos comprado. De un pavo pasamos pronto a tener que preparar dos, y de paso unas coles de bruselas.

Finalmente aquel día vinieron a casa un total de seis mujeres a preparar los pavos, aunque no todas al mismo tiempo, menos mal, pues había poco que hacer para tanta mano.

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Preparamos juntas el relleno del pavo, y cuando ya lo estábamos poniendo dentro del pavo, de pronto nos dimos cuenta de que no teníamos con que cerrar la abertura del pavo para que no se escapara el relleno. No teníamos ni hilo, ni aguja, ni nada…

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Desde luego no somos como nuestras madres, salta la vista. Total que fuimos creativas, nos pusimos en plan MacGyver y finalmente lo hicimos con palillos y el cordel de cocina. Pinchamos los palillos uniendo los bordes del agujero del pavo y luego los aseguramos fijándolos con el cordel. En uno de los pavos, el más rebelde, finalmente optamos por meterle una manzana taponando el agujero que había quedado. Aquello resultaba una obra de arte.

Estábamos degustando nuestro triunfo cuando decidimos meter el pavo en el horno. Empezaron las dudas, unos lo querían más alto, otras opinaban que era mejor más bajo…

Por otro lado, nos hacíamos un lío con los grados Centígrados y los Farenhait…

Empezábamos por no conocer las equivalencias y al final no sabíamos ni qué era qué. Una subía el horno, cuando esta se daba la vuelta la siguiente ya lo estaba bajando, mientras otra añadía minutos que acto seguido la siguiente restaba…El pavo se estaba volviendo loco, no sabía si abrasarse o quedarse crudo. Así que optó por ambos resultados a la vez.

Que el pavo andaba crudo y quemado a la vez lo descubrimos al intentar darle la vuelta. Para entonces ya habíamos abierto el vino, haber si cogíamos fuerzas. Los dos animalillos eran bien grandes, y las bandejas ocupaban todo el horno, de tal manera que mas que metidos en el horno estaban claramente encajados. Entre los meneos para sacarlos, y el peso de los bichos … las bandejas bastantes precarias de por sí, se rompieron y dejaron escapar todo el jugo de los pavos en la base del horno. La grasa empezó a quemarse y pronto el horno empezó a parecer un incendio forestal, no había quien parase la ola de humo que  se nos venía encima.

Cómo no, la alarma decidió vengarse de nosotras tronándonos los oídos mientras decidíamos como salir del lío. Todas a una apagamos el horno y sacamos los bichos del mismo, arremangada me metí a fregar el horno en caliente para que dejara de echar humo la grasa. Al mismo tiempo otras abrían las ventanas. Cuando la alarma dejó de sonar, hubo un suspiro general. La alarma del edificio no había llegado a sonar. No vendrían los bomberos, al menos de momento.

Pero aún teníamos los pavos a medias. Hicimos un remiendo en los moldes con papel albal…y de nuevo para el horno. Cruzamos los dedos, pero todo resultó bien.

MacGyver estaría orgulloso de nosotras. Terminamos los pavos. Estábamos orgullosas y agotadas. Habíamos estado un total de ocho horas metidas en labores. Nos despedimos llenas de orgullo, y habiéndolo pasado bien.

Así que me puse a recoger la cocina, estaba sola con la pequeña, limpiando el horno, que no imagináis lo que costaba, y entonces recordé el botón. (Dichosa memoria, se acuerda sólo de lo que quiere). El AUTO CLEAN. Total que le dí al botón ¿Por qué no? Mientras me frotaba las manos de satisfacción y me ponía a hacer otras cosas.

De pronto empezó a salir humo del horno, pero esta vez ni encomendándome al más santo. Aquello no había quien lo apagara. Parecía que fuera a explotar, es más parecía que le hubiera dado a un botón de autodestrucción masiva. Las alarmas cantaban alabanzas. Se sentían útiles. Enardecida por las horas extras de mi sistema auditivo y el humo intenso me puse a abrir ventanas y mi gran error…la puerta.

Si alguna vez tenéis un problema de humos, no abráis la puerta. No es que vaya a venir el coco, pero te aseguro que los bomberos sí. Y si encima tienes una maniaca compulsiva del orden en el piso de abajo, ella te hará la visita primero. Aquel día ensayé como sonreír amablemente cuando te están gritando. Creo que a la tercera lo conseguí. Si me quedaba algo de sentido del ridículo se quemó con el horno.

Aquél día soñé que salía a la calle sin falda, y como si nada, al primero que se cruzó en mi camino le quité el pantalón.

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2 thoughts on “Venciendo a los miedos y de paso a los pavos.

  1. Eso de la humareda del auto clean me lo había comentado mi padre que lo tiene en el horno también, jajajaja me escojono. Entonces Thanks Giving por no haber quemado la cocina 😉

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