Noche Vieja de Nuevo

Todo pasa, hasta la Noche Vieja, gracias a Dios. Este año, no sé cómo, supongo que fue la secuela del Thanksgiving, nos vimos empujados a organizar una fiestecilla, pero esta vez si que nada salía a derechas.

Para empezar, empezamos por el tejado. La gente supo que había fiesta antes que nosotros mismos, o incluso antes de que tuviéramos el lugar. Moraleja…decide hacer tú la fiesta y asegúrate primero que encuentras un sitio.

Para seguir, el lugar se hizo de rogar y no había manera, fuimos demasiado confiados y a tres días de la fiesta, nos encontramos con un emplazamiento del que debíamos salir antes de las once. Uséase, una noche vieja sin uvas. Tenía la sensación de que mis hombros pesaban un quintal.

Pero podía excusarme, los americanos nunca te dicen que no, es algo visceral en ellos, lo tienen muy complicado. Han crecido con lo del cliente siempre tienen la razón, y el problema es que ahora no saben que decir.

Imagina que tú pides alquilar un local en unas fechas en las que normalmente el “staff” debería estar activo pero decide tomarse unas vacaciones…

En España, el encargado te diría: “Hombre, ¿no querrás que en fechas tan señaladas te demos servicio? ¡Si a mí me encantaría!, te puedes imaginar, un dinerillo extra y me ahorro a los políticos… Pero imaginate a mi parienta, ¡Me sentencia!, y los chiquillos…¡ay qué disgusto se llevarían!¿Sabías que tengo tres? Mira que fotillos más guapas”

De allí saldrías con todo muy claro, y después de conocer el suplemento que haría felices a los chiquillos del bedél, y sobretodo a la parienta, te vas sabiendo si hay fiesta o no.

En cambio con los americanos…todo es más complicado. No pueden quitarse los tapujos y tampoco pueden decir que no. Sólo les queda hacer de zorros.

burro-3Los emails de contestación empiezan por espaciarse en el tiempo, el contestador del teléfono lleva lleno desde la semana antes.

Cuándo llevas tantos email que dirías que ya eres el Cervantes de la lengua inglesa,  su siguiente paso es que te piden imposibles con terminologías que solo conocen ellos, o que se inventan rápidamente en caso de necesidad. Del tipo “Debes conseguir un Comunity Advisory Consulting que…” Parece que cuantas más palabras vacías consiguen reunir para definir un puesto les dan un premio.

Para cuando ya has conseguido calzarle un email al objetivo, por fin llega la contestación a las dudas que tenías sobre el objetivo imposible.

Después de dos semanas de demora estás entusiasmado. Ilusionado te lo lees, y en el último párrafo te añaden una perla de las que enfrían al más fogoso, tipo “Como ya es demasiado tarde para avisar debidamente de la celebración del evento es imposible su realización”.

Estás listo. Te acaban de dar la puntilla, ¡Tú que por fin habías encontrado al Comunity Advisory Conselling y le habías puesto un email que ni Góngora! Pues gracias a eso, te encuentras con una valiosa posdata. De esas que activan los radares latinos. “Por supuesto si se hiciera una fiesta que terminara antes de las once en que pasa el guarda de seguridad, yo no tendría por que darme cuenta”.

Te acaba de salvar la vida, pero te ha hundido la reputación. Hay fiesta pero hasta las once. Agarras tu estomago y lo comunicas a aquellos que estaban pendientes de la fiesta con una llamada de socorro. Allí movéis todo lo que debiste mover hacía un mes. Por fin, tras mirar en colegios, iglesias y Comunity Center varios, en el más cochambrosillo consigues un aula para tu fiesta.

Nada comparable al lujoso Hall dónde lo tenías previsto, así que haces como todo latino. Decides dividir la fiesta en cena y uvas. La cena en el Hall, con la esperanza de que nunca aparezca el de seguridad, y las uvas en el lugar que luchas por no recordar.

¡Qué cena! No pudo ser mejor, de potluck, con todo tipo de manjares y un precioso espacio, todos felices, Glamour, risas, amigos…¡Mejor que en un restaurante! y van pasando las horas y como a eso de las diez y media, los cuchicheos. ¿Nos Vamos?¿Nos la jugamos? y el responsable ante el edificio que nota que la glotis se le cierra. Cuando por fin el honor parece que triunfa, pero la astucia sigue pujando…llega el guarda. Las once y cuarto y todo recogido…los invitados en busca de la nueva fiesta.

Primero llegar, y luego encontrar la sala a la que vamos. En vez de Comunity Center, eso era un Party Center. Cada puerta tenía una fiesta distinta, tantas como aulas, los más avispados consiguieron el gimnasio…¡Qué glamour! Nosotros nos conformamos con la guardería.

Es curioso como cuando compartes una fiesta con gente tan diferente, te das cuenta de que no todas las costumbres son tan distintas, pero las diferencias también dicen mucho de los intereses de nuestras culturas. Nuestras quimeras.

En México por ejemplo, resulta que también hacen lo de ponerse ropa interior de un color, en vez de rojo como en España, también puede ser amarilla, para que traiga dinero. Si le echas una mirada rápida piensas, nosotros primamos más el amor. Después de pensarlo piensas, quizás ellos el amor ya lo tienen, y por eso piensan en el dinero.

¡Qué gente más cálida y más viva! En el momento de la llegada a la segunda fiesta, quizás fue el momento más bonito, la sangre estaba viva, daba igual el traslado, la fiesta estaba allí y la gente lo daba todo. Colombianos, mexicanos, franceses, japoneses y nosotros, españoles, todos celebrando el fin de año. Lejos de nuestras casas, con nuestras perdidas y con nuestras ganancias en este curso, pero deseando con todas nuestras fuerzas un feliz año nuevo.

Tras las uvas, el intercambio de costumbres. La que más me gustó, la de saltar la silla para dejar las malas cosas atrás. Esa seguro que me la llevo para España. Otra curiosa costumbre la de pasear la maleta para atraer los viajes, la dimos por hecha con el traslado de todos los enseres de la fiesta caminando bajo la lluvia de Boston, que no perdona.

Pronto, muy pronto, para los que no dejamos de añorar los años mozos de interminables fiestas, esta empezó a morir de puro cansancio. Una guardería no es el mejor lugar para avivar una fiesta loca. Y los niños omnipresentes daban ya patentes muestras de cansancio.Hable con una preciosa muchacha que me contó sus pasadas nocheviejas desde Veracruz hasta Indonesia. Yo la escuchaba con admiración, como me explicaba que allá en Thailandia el plancton se les pegaba en la piel al nadar de noche, y al salir del agua brillaban. De pronto me dí cuenta de dos cosas, para ella está debía ser su peor nochevieja, y por otro lado la de cosas que me quedan por vivir ¡Cuánto deseo ver!

De momento calculo que quedan al menos diez años para tener posibilidad de una de esas fiestas interminables, y para entonces me temo, que no tendré fuerzas para irme a la cama más tarde de las doce. De momento, a pesar de los altibajos, me fui a mi casa consciente de cuanto amo a mis hijos, cuyo crecimiento, con todos los malos rollos posibles, es de las mejores fiestas a las que he asistido, y esta sí que parece no tener fin.

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