Hola Nieve, Adios Navidad, y para colmo Roscón de Reyes

reyes-por-internetYa se acabaron, definitivamente. Aquí y allí. El otro día nos despedimos de ellas viendo a los primos abrir los regalos de reyes, mientras en USA intentábamos acostumbrarnos a un cotidianidad nueva que después de la última pausa, costará más.

¡Corre!, busca un nuevo objetivo, algún motivo, no dejes que se pierda el ritmo.

El día que hay nieve es como si el organismo se viera afectado, cuesta más moverse. Levantarse es un triunfo, no sé si es la presión, pero es patente, no sólo para mí. Nieva y dejas de oír el despertador, tus ritmos se pausan  pero la vida sigue corriendo. No sé como, pero tengo que encontrar un fuelle o perderé el tren.

Menos mal que una gastroenteritis de mi hijo Juan me consiguió frenar justo a tiempo, a ver si consigo lejos de dar bandazos, encontrar de nuevo luz en mi vida para llenar este motor que de vez en cuando parece que languidece. Parece mentira, pero bajo este manto de luz blanca que es la nieve, la vida se apaga.

He oído los quejidos de los pájaros acogiendo al frío, los restos de las crianzas tardías que aparecían abandonados a los lados del camino, y finalmente cuando el blanco lo cubre todo, ves las ramas emerger de la claridad dejándose la vida en el frío. Qué cruel se vuelve está naturaleza que no puede dejar de ser bella ni cuando se convierte en soledad.

nieve

Lo más extraño es esa  dualidad de los hombres que nos hace ir contra natura,  mientras nuestra carne nos suplica desaparecer, nuestro espíritu se muestra inquieto, sigue corriendo el reloj, y los problemas vendrán aparejados a nuestro latido tanto si nos subimos al tren de la vida como si nos escondemos. Prefiero estar despierta.

Nuevo objetivo encontrado. Es un parche lo sé, pero me hace feliz. Convoco una reunión entre las cocinitas para hacer juntas un roscón de reyes y así dar definitivamente con el broche de la navidad. Nos reuniremos en mi casa, alguna nos falta y como no, la echaremos de menos. Pero no hay tiempo que perder ¡al bollo!.

Cuando me puse a leer recetas, como siempre me planteé lo precipitado de la aventura. Me atemorizaron tres detalles, el número de invitadas, encontrar los ingredientes, y por otro lado el factor tiempo del roscón que en alguna receta indicaba hasta tres horas, sólo para levar, sin horneado ni nada.

No me imaginaba yo a mis queridas amigas, con todas las cargas familiares que arrastramos, esperando tres horas. Resultado, me volví neurótica, venga a buscar recetas y ninguna era válida. Al final hice un remix de tres que previamente probé en casa, por eso de no envenenar a nadie…En confianza eso no importa tanto.

Mientras probaba yo sola a hacer el roscón, el primer problema que me encontré fueron las medidas, todas las recetas españolas tienen gramos, y mi medidor solo tiene onzas y mililitros. Para una persona con poca memoria eso es un poco lío, porque buscaba las medidas las traducía y cuando empezaba a echarlas en el roscón alguien me hablaba y se me olvidaban, con lo cuál me hacía un lío y al final no sabía lo que había echado.

Después tras comprobar que el roscón era comestible y delicioso, certificado por mi familia al completo, puse todas las medidas traducidas en la receta. Para entonces caí en el problema del idioma. La mitad se comunican conmigo en ingles y es nuestro único puente…no había duda, había que traducir. A ello me puse.

Al traducir, con eso de la vaguería, aproveché para sintetizar sin darme cuenta. Ya de paso acudí a la ayuda de algún que otro traductor vía internet. Aquella noche, confieso que estaba cansada, cuando por fin terminé, me parecía estar ante una obra maestra. Al irme a la cama, todos mis sueños fueron buenos.

La mañana del Roscón, dejé encima de la mesa preparados todos los ingredientes, e imprimí dos copias de la receta en inglés y otras dos en español. Hice las masas madre, e incluso la masa de un roscón, para que tuviera reposo suficiente y así pudiéramos tener el roscón en dos fases sin tener que parar. Me parecía ser algo así como adulta, estaba orgullosa de mí misma.

Con la ayuda que me proporcionó Julio en el desayuno de los niños y sus salidas, fuí libre para llegar a todo.Ordené la casa, me duché, tiré la basura. Todo estaba saliendo bien…No daba crédito.

Fueron llegando mis compañeras de faena. De ocho fuimos cinco. No estaba mal, entonces cogieron las recetas…Nadie entendía nada, y yo estaba tan cansada que no me enteraba de nada…Me preguntaban y atareada en preparar una cosa u otra no abarcaba….las recetas inglesa y la española no parecían coincidir demasiado. Las experiencias previas tampoco ayudaban demasiado.Se repetía mucho aquello de “¿Estás segura que no te has olvidado …?”.

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Para colmo el tema de las medidas era extraño, algunas tenían hasta tres decimales…Menos mal que nos dio por reírnos y mucho. Por fin alguien dijo que la masa estaba terminada.

Cuando saboreábamos un roscón recién horneado, (de la masa que yo había preparado previamente), mientras la masa conjunta descansaba después de mucho meneo por si crecía… alguien me preguntó que era el “blossom orange essence”. Nadie lo había echado.

Para los ajenos al tema solo decir, que un roscón sin esencia de azahar, es como un sobao seco. Decidimos echarlo durante el último amasado previo al horneado. En fin hicimos lo que pudimos.

Al final entre las dos masas, salieron un total de seis roscones, uno que nos tomamos en común y uno para cada una, para compartirlo en familia.

El mío decidí que lo llevaría al potluck en la guardería de la pequeña. Aquí cuando se reúnen para algo, cada uno lleva algo de comer, eso es un potluck. Los hacen para todo tipo de razones. Desde que hay que hablar de piojos, hasta para celebrar fiestas de colegio. Todo es un potluck constante, así que decidí amortizar.

Como tuve que hornear muchos roscones, decidí meter el mío en la nevera mientras esperaba, por eso de estar pintado con huevo. Era un roscón precioso, estaba bien levado y me preocupaba que se estropeara por el frío, más había leído en una receta que no pasaba nada, decidí hacer caso a la receta. Cuando lo saqué estaba como si hubiera pasado por encima un elefante, estaba plano.

Lo hornee por la noche, sin esperar a la mañana,  para no tener que volver a meterlo en la nevera y que se convirtiera en folio. A la mañana siguiente, comprobé que de nada había servido el plástico para cubrirlo, estaba seco como una pasa.

Total que sin tiempo ya para remiendos, a la guardería me lo llevé. Cuando llegué allí, y lo puse con los demás manjares, decidí explicar en que consistía el roscón, en plan marisabidilla. Comprendí cuando se lo contaba a los padres, por sus caras, que lo de meter la moneda dentro del roscón, quizá no había sido mi mejor idea. El resto del potluck lo pasé junto al roscón, vigilando que ningún niño se llevara la moneda.

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Quizás deba seleccionar mejor mis proximos objetivos, o decidirme a hibernar, tampoco está mal descansar de vez en cuando.

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