Eva y las listas

Eva hizo una lista sobre las cosas que la hacían sentir mal:

Que ella nunca tuviera razón. Pero claro ese era problema suyo.

El tratamiento del silencio que obtenía cada vez que no estaban de acuerdo.

Era un silencio atroz, cada vez mayor, pues era sumativo. Se incrementaba a cada nueva situación, y ante el terror que le producía cada nueva situación, ella simplemente se había adaptado a seguir su voluntad. No quería seguir degradando la relación, y eso estaba en su mano, además él solía tener razón, ella cada vez más impulsiva, solía sentirse mal por los efectos de sus propias decisiones.

Él nunca discutía. Era una buena persona y muy inteligente, siempre sabía lo que había que hacer.

Cuando él estaba a solas con ella, no era raro que él se durmiera, estaba muy cansado de andar todo el día haciendo cosas, en cambio ella con los niños, apenas tenía tiempo para hacer nada útil. Y él se sentía tan cómodo con ella…

Cuando sí disfrutaban juntos, era cuando venía gente, entonces Eva podía disfrutar participando en las largas conversaciones que tanto la ilustraban. Como le gustaban aquellos ratos.

El desorden era un problema, pero claro, eso no era culpa suya, nunca había demasiado tiempo.

Eva dejó de escribir, ante un recuerdo que le produjo una punzada de dolor. Estaba cansada, todo era un gasto inútil de tiempo. ¿Qué iba a solucionar con ello?

Sonó el móvil, era la americana, había sido una suerte para ellos conocerla al instalarse allí, les había dejado hasta el coche, es cierto que Eva había sentido reparos, pero él tenía razón, lo necesitaban y allí todo era muy caro, para un año no hacía falta comprar uno, claro que ellos ya llevaban allí dos años.

Tras indicarle que no sabía nada de él, prometió avisarla cuando él volviera, necesitaba ayuda con el excel. Ella siempre había deseado manejar aquel programa pero él nunca había tenido tiempo de ayudarla, claro que no era como la americana que solo tenía pequeñas dudas, ella tenía que empezar desde el principio.

Por fin se puso a ordenar la casa, nunca sabía que iba a pasar a lo largo del día y no quería sorpresas, todo debía estar perfecto, aunque él pudiera vivir en la más completa suciedad ella se sentía útil de aquel modo, ayudándole a sentirse cómodo para que pudiera concentrarse en su trabajo.

¡Que pena que todas las amistades de él fueran «singles» como le habría gustado conocer familias con las que poder relacionarse, todo sería más fácil, estaría menos sola…

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